Elena del Carmen Zabala, de 1,49 metros de estatura y un poco encorvada, decidió renovar su documento porque el antiguo ya “estaba muy viejo”. Y llegó a reclamarlo por sus propios medios.
Sorprendidos quedaron los delegados y funcionarios de la RegistradurÃa de Sincelejo cuando Elena del Carmen Zabala Rosario, llegó caminando sin ayuda alguna a reclamar su nueva cédula.
La iniciativa de Elena, nacida en Chinú (Córdoba) el 17 de octubre de 1902, fue propia, pues ninguno de sus allegados le comentó que se está promoviendo el cambio.
“Todos los dÃa nos decÃa que la acompañáramos a cambiar la cédula, que ella querÃa la nueva y no la vieja. La semana pasada, que fue a reclamarla, estaba feliz”, comenta su segunda hija Clara RamÃrez Zabala.
El gesto de la mujer fue puesto como un ejemplo digno de seguir por la RegistradurÃa en Sincelejo, en especial para los jóvenes que poco interés muestran en la reclamación del documento.
“Ni las numerosas escaleras ubicadas a la entrada de las instalaciones de la RegistradurÃa fueron obstáculo para que viniera personalmente. Es un ejemplo, porque en estos momentos hay 27 mil cédulas sin reclamar”, dijo la delegada de la RegistradurÃa Nacional en Sucre, Gloria Tulena.
A punto de cumplir sus 107 años, el próximo 17 de octubre, con 6 hijos, 26 nietos, 10 biznietos y también con tataranietos,Elena quiere una fiesta de cumpleaños que reúna a toda la familia. Afirma que recibirá cualquier regalo. “Peineta o gancho será bien recibido”, dice mientras muestra una sonrisa en su ajado rostro.
Dedicada al arte culinario casero, esta mujer trabajó durante 25 años en casa de la familia Guerra, reconocido clan familiar en el ámbito polÃtico en el paÃs, teniendo asà la oportunidad de compartir la niñez de la actual ministra de comunicaciones, MarÃa del Rosario Guerra, y del senador Antonio Guerra.
Josefa, su hija menor, que tiene 64 años, dice que el estado de salud de su mamá es envidiable, porque no sufre de nada, come de todo y solo toma pastillas para la presión.
“Una vez le dijo al médico que estaba atropellada por la juventud”, cuenta sonriente su hija mayor, Carmen.
Elena les pide a sus hijas que no le guarden luto, ni que lloren el dÃa de su muerte, pues eso no le devolverá la vida. “Si eso pasa, mi sombra las acompañará”, dice.





Julio 15th, 2009

